Creado e imaginado por tres hombres: Pierre-Alexis Dumas, director artístico de HERMÈS y sexta generación de la familia Hermès; Jean-Claude Ellena; y Pierre Hardy, diseñador del frasco y director de arte para las joyas y calzado de la marca, Jour d’Hermès es un perfume que retoma los valores más hondos de HERMÈS, pero al mismo tiempo es nuevo y visionario.
En Jour d’Hermès, la luz juega un papel fundamental: transmite esperanza, nacimiento y al mismo tiempo renovación. Para los artesanos de HERMÈS, es imprescindible a fin de trabajar los nobles materiales. Y es que podemos considerarla como la primera de las materias primas de HERMÈS. Además, no olvidemos que el dios Hermes traía la aurora, despertaba el día, y con el día, daba forma y vida a las cosas.
Concretando, se trata de una fragancia muy sensual, elegante, delicada, positiva, que revela que, para HERMÈS, no hay un modelo de mujer y, en consecuencia, tampoco una musa. Porque la casa desea poner luz en ese misterio femenino sin imponerle una identidad, al contrario. Es un enfoque moderno, abierto a todas las generaciones: mujeres fuertes por encima de las apariencias. Mujeres repletas de vida, acogedoras y hospitalarias. Mujeres alegres y tan seguras de sí mismas que no tienen reparo en confesar su necesidad de los demás. En definitiva, una revisión de la esencia de la feminidad ya que, desde 2007, con Kelly Calèche, HERMÈS no había creado un perfume exclusivamente para mujeres.
Al crear este perfume, Jean-Claude Ellena quería dar a oler flores en abundancia: “que cada cual ponga las flores que quiera y que huela lo que le apetezca oler”. Así, no es un perfume de una flor, sino de todas las flores. Un mil flores para mil y una mujer. Flores de mañana de colores pastel, olores vivos, frescos y ligeros que acogen la luz con suavidad y alegría. Flores de tarde, blancas, de olores carnales y sensuales, que ofrecen una luz espaciosa, tranquilizadora y acogedora. Flores cortadas en el jardín, de salón, de ramillete en ramillete, del alba al crepúsculo.
Por su parte, éste es el primer frasco de Pierre Hardy, cómplice de HERMÈS desde hace muchos años. Y se inspira en un farol, pero con una forma contemporánea e intemporal. Un cuadrado, un anclaje que se abre a una redondez suave y voluptuosa. Una línea tensa sale de cada ángulo y crece un movimiento fluido, una curva sensible, un hombro sensual. Un perfume en suspensión encapsulado en la masa de un cristal singular. Un juego entre lo que está vacío y lo que está lleno, donde la luz atraviesa o completa un diálogo entre curvas y rectas del que nacen expresiones infinitas. ¿Si fuera un color? El blanco es el tono emblemático de este perfume y, salpicado con el oro del nombre “Jour d’Hermès”, sella una nueva identidad resueltamente actual.
El frasco se puede rellenar, es un objeto duradero que se inscribe en el tiempo. La recarga se vende por separado y es muy fácil de utilizar.
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